miércoles, 26 de agosto de 2009

Yo, yo mismo y mi coco.



Todos vivimos en el mismo ser pero nos comportamos de manera distinta. Mal va la cosa cuando tiran cada uno hacia un lado.

Soy de los que opino que mas fuerza hay en la cabeza que en las piernas. Es mas fácil ganar algún segundo mejorando la cabeza que mejorando el entrenamiento diario o la técnica.

Mi caso es el de cualquiera que haya sufrido una lesión. Un esguince de tobillo de grado 2 en semana santa me dejó tocado dos meses. Cabezón de mi, intentaba salir a trotar cuando aún no estaba curado y eso alargó mi estancia en el banquillo.

Todo parece que cuando el yo físico está curado y no duele el tobillo todo es ponerse a correr y ya. ¡Pero no!, hay mas elementos en la ecuación, está la cabeza y está el yo mismo.

La cabeza puede jugarnos malas pasadas y dejarnos literalmente tirados en una subida que antes no la teníamos en cuenta.

Cuando recuperé fuerza y movimiento en el tobillo, aunque físicamente podía haber perdido unos segundos, mi cabeza ya había entrado en una dinámica de derrota y de no poder afrontar las cosas. No quería progresar, todo giraba falsamente en torno a la lesión que ya no existía. Me decía: "ah!, no puedes por que estás lesionado".

Toqué fondo cuando buscaba la forma de no ir con mis compañeros con la excusa de: "no no!, si voy a trotar bajo para recuperar y coger fondo". Cuando me quedaba solo, mi cabeza fuera al ritmo que fuera me decía que parase en cada subida, que no fuera tan deprisa y aunque yo mismo no sabía por qué paraba, lo hacía!!. Era inexplicable. ¿¡Pero que fondo vas a coger corriendo a 6min perro!? Estaba fuerte, no había perdido casi nada de fondo y en cambio estaba muy muy lejos del peor de mis tiempos!!. Ahí sí tocas fondo, toca examen.

Fácil, yo seguía con la lesión pero no estaba en el tobillo, estaba en el coco, así que el yo mismo cambia el chip. Ya no había que salir para vencer esa molestia, ese miedo a pisar un terreno irregular y torcerme de nuevo el tobillo o cosas así. Hay que salir a correr para vencer ese ente llamado coco que me pedía parar en cada cuesta. ¡Ahora si!, pedí: "dejarme solo". Me fui yo solo a vencer a mi coco. Yo mismo debía encontrarme bien para poder estar como antes.

La primera prueba era sencilla, no había que pararse: "si yo no lo he hecho nunca, no ha pasado nada que me haga parar ahora, entonces no pares Javi, sigue!"

Y primer asalto ganado!. El segundo asalto es como lo que tanto venden en las competiciones del motor: "seguro seguro, debes ganar a tu compañero". Aquí era fácil, le pedí a la élite del grupo (Kike, Arturo, Jorge y Paco) que nunca mirasen hacia atras, que nunca bajaran el ritmo por mi. Y quitando el buenazo de Paco q nunca me ha dejado solo (yo si lo haría, jeje), al final acabé venciendo. Pero costó superar el miedo a no querer seguir a la elite. Aún no se por qué pensaba eso, ¡ya no quiero saberlo!. Al principio los perdía nada mas comenzar la recta de valdelatas, al día siguiente a mitad de la recta, al día siguiente les aguantaba el giro. Otro día me esperaban un poquitín y subía con ellos el comienzo de la Autonoma. Todo funcionaba.

Esa batalla que yo mismo ganaba cada día sirvieron para vencer ese miedo que tenía a correr y perder antes de ponerme las zapatillas. Pero olvidaba una cosa, llegaba el tercer paso.

Una vez que el coco estaba dominado, tocaba el siguiente paso, la celebración, el orgullo y por que no, la chulería. Aunque supusiera no llegar al final, debía sentirme orgulloso de mis pasos y mis progresos. Yo debía dejar de castigarse para progresar, yo mismo sabía que esa forma de mejorar no dura mucho tiempo. Este trabajo comenzó en el viaje de los Alpes. Hubo un día, una etapa que nos pusimos mi compañero y yo. 1500m de desnivel. Según el mapa, 4h40m solo en subir. Mochila de trail, bastones y a muerte!!!. Subimos en 2h20m. A muerte!!!. En la bajada, corriendo, mi tobillo se torcía pero así es como había pasado siempre!!, sigue Javi sigue!!. Y ahora que lo pienso... ¿qué mas dan los tiempos?, si soy el mejor coñe!!!. Yo mismo estoy orgulloso y con una chulería que pa'qué.

Era tal el orgullo que sentía por hacer algo así que me daba igual que ese fuera un tiempo mediocre comparado con la elite que pueda entrenar haciendo ese mismo camino. Hace una semana yo mismo no sabía que hubiera podido hacer eso y así, eso es motivo para sentirme orgulloso de mi mismo. Seguro que ahora mis compañeros saben por que cuando terminamos de correr tengo una sonrisa como si hubiera ganado una medalla.

Si había un coco, remaba en la misma dirección que yo. Y quien mas disfrutaba era yo mismo. Todo funcionaba. Ahora disfrutaba, ahora podía hacer bromas en los entrenamientos como intentar dejar tirado durante ¿50m? a Kike, a Arturo, y a Jorge casi casi el otro día. ¡¡Que pasada!!.

¡Que miedo tengo ahora a las lesiones, pero no a las musculares, sino a las del coco!. Espero que esto no le pase a nadie.

A veces solo oigo mi respiración y el corazón a punto de salirse del pecho, latiendo todo lo fuerte que puede, como diciendome: "¡eeh!, ¡¡estás vivo!!, ¡¡disfruta del momento!!". Ooooh, es la mejor sensación que una persona puede tener.

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Javier Herreros Lucas

3 comentarios:

Quique dijo...

Muy guapa la entrada, todos tenemos un coco que nos toca los huevecillos de vez en cuando en esto del running.

Javi ha mejorado un montón, al igual que todos nosotros y la constancia en los entrenamientos dan sus frutos.

Yo nunca he tenido ese miedo a lesionarme, lo unico que quiero siempre cuando me lesiono es recuperarme para correr y correr....

Ayer mismo leí una entrada en uno de los blog que sigo que comentaba esto mismo, además de entrenar el físico tenemos que entrenar la mente...es importantisimo para disfrutar y hacer de este deporte algo agradable.

Un saludo cracks
Quique

Arturo Pardo Gonzalez dijo...

Javi cuando me dijo que había escrito unas letritas sobre su cabeza etc ... me echaba a reir ya que como es él (cachondete) , no pensaba que tiene esos pensamientos tan "puros" perdón "impuros" , bueno que ahora va en serio mola la entrada y como bien dice mi compi Quique cuando te lesionas es pensar en recuperarse para empezar a correr y disfrutar de este deporte.

Saludos

Rosa dijo...

La cabeza es más poderosa de lo que creemos!